Érase una vez, hace muchos muchos
años, en un reino junto al mar, antes de que existiesen Tindersticks, Jack,
Arcade Fire y grupos de similares características estilísticas o estructurales,
érase un grupo llamado The Triffids, en las antípodas de la mediocridad y la
vulgaridad. Liderados por el poeta David McComb, su apasionante discografía
tiene como puntos álgidos los álbumes “Born Sandy Devotional”(a punto de ser
reeditado en edición veinte aniversario; a la altura de cualquier disco de The
Bad Seeds de aquella era) y “Calenture”. Pero ahí no acaba la cosa: sus dos
primeros discos, a pesar de las evidentes deficiencias en la producción, tenían
sobradas razones para tenerles siempre en cuenta y detectar el fuego que
siempre llevaron dentro. Además, “In The Pines” fue un hermoso disco folkie
grabado al calor de la chimenea. Y “The Black Swan”, su última grabación en
estudio, es uno de los discos más extraños y valientes de aquellos años,
conviviendo baterías programadas, baladas con rapeados, himnos portuarios,
tangos y hits potenciales.
Con la Velvet, The Doors y Scott
Walker como padrinos de honor, siempre anduvieron sobrados de personalidad y
merecieron mucha mejor suerte, estaban más que por encima de la media.
Seguramente se adelantaron a su tiempo. Disueltos con el cambio de década, no
volvieron a enderezar sus carreras, fueron pasando el tiempo con proyectos
paralelos amistosos y un disco en solitario de David, bastante insípido, por
cierto. Con su pérdida a causa de un accidente de tráfico en 1999, sólo Martyn
P. Casey, su bajista, permanece en activo como miembro fijo de los Bad Seeds.
Reivindicar a The Triffids una y
otra vez es un acto de fe, y por supuesto, de justicia poética. Grupazo por los
siglos de los siglos.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 26/05/2006

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