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El Lago, de Alphonse de Lamartine





Así siempre empujados hacia nuevas orillas,
en la noche sin fin que no tiene retorno,
¿no podremos jamás en el mar de los tiempos
echar ancla algún día?

Lago, apenas el año ya concluye su curso
y muy cerca del agua donde yo le di cita,
mira, vengo a sentarme solo sobre esta piedra
donde ayer se sentaba.

Tú bramabas así bajo estas mismas rocas,
te rompías con furia en su herido costado;
así el viento arrojaba tus oleajes de espuma
a sus pies adorados.

Una tarde, ¿te acuerdas?, en silencio bogaba
entre el agua y los cielos a lo lejos se oía
solamente el rumor de los remos golpeando
tu armonioso cristal.

De repente una música que ignoraba la tierra
despertó de la orilla encantada los ecos;
prestó oídos el agua y la voz tan amada
pronunció estas palabras:

«Tiempo, no vueles más. Que las horas propicias
interrumpan su curso.
¡Oh, dejadnos gozar de las breves delicias
de este día tan bello!

Todos los desdichados aquí abajo os imploran:
sed para ellos muy raudas.
Con los días quitadles el mal que les consume;
olvidad al feliz.

Mas en vano yo pido unos instantes más,
ya que el tiempo me huye.
A esta noche repito: "Sé más lenta", y la aurora
ya disipa la noche.

¡Oh, sí, amémonos, pues, y gocemos del tiempo
fugitivo, de prisa!
Para el hombre no hay puerto, no hay orillas del tiempo,
fluye mientras pasamos.»

Tiempo adusto, ¿es posible que estas horas divinas
en que amor nos ofrece sin medida la dicha
de nosotros se alejen con la misma presteza
que los días de llanto?

¿No podremos jamás conservar ni su huella?
¿Para siempre pasados? ¿Por completo perdidos?
Lo que el tiempo nos dio, lo que el tiempo ha borrado,
¿no lo va a devolver?


(1790-1869)

Foto: Estanque Chico, Casa de Campo de Madrid. 16 de Junio de 2008




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 11/08/2008

Nobles y entrañables divagaciones bajo la luna, de Jules Laforgue





“¿Qué haces aquí, Infinito? ¿Por qué nuestros sentidos
quieren ir más allá de las teclas que tienen,
confían en espejos más dichosos que el Verbo,
y mueren? Infinito, ¡tu documentación!”

1885.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 31/07/2008

El deseo y la búsqueda del todo, de Barón Corvo





La colección Planeta Maldito de la editorial Valdemar es un reducto muy especial, cultivado con mimo, de donde brotan plantas de singular fascinación. Allí conviven los inclasificables, los heterodoxos, algunos de los más peculiares y hermosos vencidos. Inevitables como Sade o Wilde son escoltados por otros clásicos de la literatura ambigua, decadente, espiritualmente convulsa, amiga de los hospedajes insalubres, de un sentimiento aristocrático degenerativo, de la precariedad y la fatalidad acechante. Son el “Inferno” de Strindberg, el “Allá lejos” de Huysmans o “El deseo y la búsqueda del todo” del Barón Corvo (foto), novelas ilustrativas escritas (y muchas veces protagonizadas) por autores desposeídos de la calma y el sosiego que da la fama o la estabilidad social o emotiva. La locura (Strindberg), el ocultismo (Huysmans) o las refinadas perversiones (Apollinaire) van desfilando con inusitado énfasis por cada una de sus páginas.
En “El deseo y la búsqueda del todo” se cuenta la historia de un desahuciado del catolicismo reinante, de modales crustáceos y anhelos sensuales autocensurados por –supuestamente- equívocos, surcando la Venecia de principios de siglo (XX), rodeado de fantasmas en forma de acreedores y mecenas dispuestos a dinamitar y arruinar su profusa carrera literaria. Se dan casi todos los supuestos enumerados al principio, esos que marcan la personalidad de una serie inusual y necesaria, de exquisito formato, a la que deseamos una vida muy larga, llena de delirios y perturbadoras desviaciones.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 28/07/2008

El cisne enfermo, de Alfonsina Storni





Hay un cisne que muere cercado en un palacio.
Un cisne misterioso de ropaje de seda
que en vez de deslizarse en la corriente leda
se estanca fatigado de mirar el espacio.

El cisne es un enfermo que adora al dios de oro;
el sol, padre de razas, fecunda su agonía.
por eso su tristeza es una sinfonía
de flores que se entreabren en las sombras del lloro.

Tiene el pecho cruzado por un loco puñal,
gota a gota su sangre se diluye en el lago
y las aguas azules se encantarán bajo el mago
poder de los rubíes que destila su mal.

El alma de este cisne es una sensitiva...
no levantéis la voz al lado del estanque
si no queréis que el cisne con el pico se arranque
el puñal que sostiene su existencia furtiva.

Cuentan viejas leyendas que está enfermo de amor.
Que el corazón enorme se le ha centuplicado
y que tiene en la entraña como El Crucificado
un dolor que cobija todo humano dolor.

Y cuentan las leyendas que es un cisne-poeta...
Que la magia del ritmo le ha ungido la garganta
y canta porque sí, como el arroyo canta
la rima cristalina de su corriente inquieta.
..................................................................

Yo he soñado una noche que el viejo palacio
era el cisne cansado de mirar el espacio.



(1892-1938)




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 28/05/2008