Clásico absoluto, independientemente de la
opinión de los cuervos fundamentalistas –más o menos los mismos que se echaban
las manos a la cabeza ese mismo año con giros como el “I’m your man” de Cohen-
por un insignificante quíteme usted de ahí esos sintetizadores, esas
percusiones electrónicas -¿algunos quizá sólo escucharon la portada?-, que no
empañan ni entorpecen en ningún momento –se ponga como se ponga el tribunal- la
grandeza de esta colección de canciones eternas y bien lustrosas que nos regaló
el amigo en una de esas escapadas de la consulta del psiquiatra. Con un
arranque de los que hacen época –“Love and mercy”, “Walkin’ the line”-, un
final de los de aúpa –el bordado sinfónico de “Rio Grande”-, y a pesar algún
desliz –“Night time”, y no precisamente por algún atisbo de exceso en los
arreglos-, una de las últimas ocasiones en que el superdotado se arremangó a
conciencia y destiló su inspiración más allá de reposiciones demandadas.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 15/06/2007

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