En 1951 tuvo Peter
Lorre su particular noche del cazador. En este caso no se trataba de ningún
cuento de hadas perverso, sino de un relato personal sobre la culpa a vueltas
con una fría posguerra, entre hálitos expresionistas y guiños a “M. El vampiro
de Dusseldorf” (este hombre no podía dejar quietas las manos). Sin llegar a ser
plenamente una película redonda, tiene su interés como cinta maldita y
representativa de un árido cine alemán, tanto espiritual como industrialmente,
en lo que podía haber sido el comienzo de una suculenta carrera como director.
Mira nena, “el miedo es capaz de
matar los demás sentimientos”. Pues
eso.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 13/10/2006

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