Hay personajes que, mirando la vida pasar,
sintetizan sin esfuerzo (casi) todo lo que de atemporal pueda llegar a tener el
arte. Aquí uno abrigado de sincretismo pre-hippie manchado en frecuencias más
finas que el coral, labradas con palabras poderosas, en un llamamiento que aúna
serenidad y expectación allí donde el pálpito existencial discurre con
presentida liberación.
Ahbez aparece en la música americana como una
figura intangible, casi sobrenatural, milagrosamente reveladora. A lo largo de
décadas, aupando los sonidos de fachada ‘coctelera’ y el puro estándar (“Nature
Boy”) a la categoría de ancestral refinamiento. Su único álbum se antoja como
el gravamen que tuvo que aceptar para auspiciar un colaboracionismo
discográfico donde cupiese, con venerable discreción, ese mundo puro ya apenas
aprensible.
Morir atropellado en el desierto fue rematar,
con macabra y metafórica rúbrica, una vida inédita e inaccesible en mitad de
esta inútil y ensordecedora gresca.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 21/08/2007

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