El deseo y la búsqueda del todo, de Barón Corvo





La colección Planeta Maldito de la editorial Valdemar es un reducto muy especial, cultivado con mimo, de donde brotan plantas de singular fascinación. Allí conviven los inclasificables, los heterodoxos, algunos de los más peculiares y hermosos vencidos. Inevitables como Sade o Wilde son escoltados por otros clásicos de la literatura ambigua, decadente, espiritualmente convulsa, amiga de los hospedajes insalubres, de un sentimiento aristocrático degenerativo, de la precariedad y la fatalidad acechante. Son el “Inferno” de Strindberg, el “Allá lejos” de Huysmans o “El deseo y la búsqueda del todo” del Barón Corvo (foto), novelas ilustrativas escritas (y muchas veces protagonizadas) por autores desposeídos de la calma y el sosiego que da la fama o la estabilidad social o emotiva. La locura (Strindberg), el ocultismo (Huysmans) o las refinadas perversiones (Apollinaire) van desfilando con inusitado énfasis por cada una de sus páginas.
En “El deseo y la búsqueda del todo” se cuenta la historia de un desahuciado del catolicismo reinante, de modales crustáceos y anhelos sensuales autocensurados por –supuestamente- equívocos, surcando la Venecia de principios de siglo (XX), rodeado de fantasmas en forma de acreedores y mecenas dispuestos a dinamitar y arruinar su profusa carrera literaria. Se dan casi todos los supuestos enumerados al principio, esos que marcan la personalidad de una serie inusual y necesaria, de exquisito formato, a la que deseamos una vida muy larga, llena de delirios y perturbadoras desviaciones.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 28/07/2008

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