El Niño Gusano





Muchos y muy buenos recuerdos todos. Como en enero del 94: “pues hay un grupo nuevo, El Niño Gusano que…”, “joder, con ese nombre tienen que ser buenos por narices”… dicho y hecho. En su primera maqueta ya estaba “Transparente”, y hasta cantaban alguna en inglés, como mera anécdota, afortunadamente. Después “Palencia ep” (que también existen, Palencia y los eps), donde ya ponían tierra de por medio con respecto a la casi totalidad de contemporáneos. Cada uno teníamos nuestra favorita, “pues yo soy más de ‘Todo comenzó a ir mal’”, “ah, pues yo de ‘Yukón’”… Así que cuando llegó “Circo luso” no quedaba otra que ir analizando canción por canción –en la parte de atrás de un bus, o donde fuese que uno se encontrase-, porque había mucha miga, hasta cuando sólo tarareaban. Ya los habíamos visto en directo, en Maravillas, fabulosos, creo que fueron Sergio y Andrés que acabaron bailando un improvisado pasodoble gusano ante la atónita y escuálida afición. ¡Figuras!
Con “El efecto lupa” se habló de un caso preclaro de adición. El niño -que ya montaba cabras- estaba creciendo, y los pantalones cortos la verdad es que sentaban muy bien. Adición –como muy pocas- porque aquellas canciones habían pasado quizá la prueba más clara del algodón: antes de salir al mercado estaban como muy reinas, impactantes, definitorias: “Vicente del Bosque”, “Sobrinito”… Los vimos las más de las veces en la sala El Sol, y tuvimos la suerte de ser conscientes de estar delante de algo realmente grande, único e infalible.
En “El escarabajo más grande del mundo” dieron el do de pecho, se volvieron aún más expansivos y expresivos. Otra vez la habían clavado, a ver quién se queda sólo con un disco… Y como en el mejor y más perfecto de los cuentos la cosa terminó, allá por el verano del 99, sí que me acuerdo. Se fueron, ojito, como sólo los mejores saben hacerlo: en el mejor momento (que fue siempre), dejando el listón altísimo, más que dignos, y a ver quién de aquí lo supera. Y de regalo “Fantástico entre los pinos”, donde ya sólo “El mejor olor” supera discografías completas de innumerables formaciones.
Fue triste la despedida, pero vaya si la entendimos. Un grupo tan especial como El Niño Gusano, donde todo tenía sentido, donde todo encajaba como en un perfecto mecanismo de relojería, tenía que parar ahí. La gente que nunca entenderá nada, como siempre, decían que eran graciosos. Mal: precisamente es que era todo demasiado serio. Sus letras, sus diseños gráficos, sus ocurrencias, sus personajes, su insobornable personalidad, todo. Porque cosas tan magníficas y emocionantes como ellos sólo ocurren cada doscientos años, había que cuidarlas y guardarlas con celo. Ha sido un placer, un orgullo, una suerte haber coincidido con algo tan maravilloso.


Definitivamente, hay corazones que van a otras velocidades. Y se encogen como en una casa cerrada en invierno. Hasta la vista, sir.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 17/07/2008

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