Esta Noche Tampoco





El día que se haga una reescritura justa y mínimamente exhaustiva de la historia del endeble y sobrevalorado indie español de los noventa, Esta Noche Tampoco deberán ocupar el lugar que les corresponde por derecho propio, en la categoría de involuntarios y valiosos pioneros del asunto. Pese a ser de Gijón y compartir celebérrimo –entonces no tanto- productor con el meollo del Xixon Sound (vaya denominación...), fueron injustamente aparcados y ninguneados en todos los recuentos y recuerdos de la época, quizá por aunar dos inconvenientes de su tiempo: no cantar en inglés y no ser tan ruidosos como sus vecinos. Esas pegas, unidas a su carácter puramente independiente (se sacaban ellos solitos los discos como Fusión de Producciones) y a adelantarse un par de años a la moda –dieron sus últimos coletazos públicos alrededor del 91; resucitaron como Corazón Loco a mediados de década, pero no pasaron de maquetas-, les han relegado a la condición de malditísimos, cuando deberían ser incluidos en la hornada de los Aventuras de Kirlian y Surfin’ Bichos de turno.
Publicaron dos discos: el maxi “Las manos en el agua”, de 1989, y “Bésame mucho”, de 1990. Sus reconocidas influencias eran Cocteau Twins, Felt, Lush o The House Of Love (de estos dos últimos grupos se atrevieron con sendas versiones), aunque luego los resultados fueran algo diferentes y recordaran por momentos a los Claustrofobia más pop, a Los Navajos o a La Dama Se Esconde. En ambos discos hay razones de sobra para afirmar que deberían haber tenido otra suerte: gemas pop como “Ingemar”, “Nosotros y los charcos”, “Baltasar”, “Carmen Esmeralda”, “Ese extraño pez”, o “Johny mi rey”, que llegó a salir en single con la versión de Lush. Sus letras tiraban hacia lo onírico y automático, siempre líricas y algo evanescentes, como destellos palpitantes.
En su día fueron catalogados de grupo “interesante, aunque excesivamente mimético”. Tiene gracia, viendo pocos meses después las toneladas de originalidad con las que nos obsequiaron unas manzanas más allá decenas de grupos con un vocabulario no mucho más amplio de cien palabras (todas en inglés, por supuesto) y ni por asomo con teclados tan estupendos e intuitivos o juegos de voces marca de la casa que ENT lucían con –merecido- orgullo.

No se esfuercen, el tesoro de ENT está bien sepultado en formato de vinilo, sin reeditar y sin localizar en la red (que sepamos). Sería cuestión de hacer obra social algún año de estos...




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 30/07/2007

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