El único disco completo de estos griegos
afincados temporalmente en la Inglaterra de mediados de los ochenta se podía
haber editado en cualquier momento de los últimos cuarenta años sin perder un
ápice de su incalculable valor, por ser ante todo una obra con una de los
distinciones más preciadas que puedan darse en el mundo del pop: la
atemporalidad. Pasmosa, por otra parte, nos gustaría añadir. Una colección de notables
canciones que serían sobresalientes si no fuera por la excesiva afectación del
aparato vocal, sustentado, eso sí, en una producción perfecta, monolítica, de
cuidadísima arquitectura, sobre la que no se atrevieron a reincidir en una
continuación. Aspecto casi de agradecer, ya que así nos dejaron intacto otro
pequeño mito sobre el cual no lamentarnos después con más redundancias sobre
estas cápsulas melódicas de serena constitución.
¿A qué suena?, pues a cruce entre Simon &
Garfunkel y los Lilac Time más bucólicos. Siesta, siempre “a la gresca” con
este tipo de dulces para la posteridad, ayudaron a reflotar su legado con 5
canciones inéditas compuestas a posteriori, ya en los noventa.
Sin injertos electrónicos, ni maquillajes de
aquella apremiante modernidad. Con enfermiza sencillez, sofisticados hasta la extenuación.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 02/03/2007

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