Ilegales





1982-1992: Suficiente Para Reventar.
Ilegales fueron, junto a Nacha Pop, los mejores importadores del sonido new wave de tipos como el primer Joe Jackson o los Db’s. Sonidos afilados de melodías claras, sencillas y contundentes. En el caso de los de Jorge Martínez, con un ‘clashismo’ asumido y pasado por la turmix de la cordillera Cantábrica. Es fácil detectar ya en las primerísimas canciones de los asturianos buena parte de los temas que desarrollarán en los subsiguientes álbumes: la incitación al pillaje, la desestabilización callejera y el abordaje indiscriminado (“Revuelta juvenil en Mongolia”), las canciones de temática estúpida pero tremendamente eficaz (“La fiesta”), el Apocalipsis personal y/o histórico (“Europa ha muerto”) o la galería de personajes torcidos, supuestamente al margen de la ley (“La pasta en la mano”) pero impregnados de sus resortes y contradicciones, con especial hincapié en las fashion victims (“Princesa equivocada”). Todo ello a lo burro y sin apenas anestesia en lo que es su trilogía inicial, imprescindible y adecuadamente violenta: “Ilegales” (1983), “Agotados de esperar el fin” (1984) y “Todos están muertos” (1985). El primero de ellos es el que mejor sale parado siempre en las recapitulaciones globales con canciones bandera como “Heil Hitler!”, “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, o esa preciosidad con fragancias bosanova que es “La casa del misterio”, uno de los temas imprescindibles de su carrera. El segundo –uno de los mejores-, con un sonido pulcro y más lírico de lo normal ha quedado como el disco ‘maldito’ para Martínez, particularmente alérgico a sonidos pop, gracias a temas como “La chica del club de golf” o “Para siempre”. En el tercero se desquitaron de los sinsabores con su disco más crudo (“El norte está lleno de frío”, “Bestia bestia”, “Qué mal huelen los muertos!”).
Tras el recordado “Directo” (famoso por los continuos silbidos y alaridos de la audiencia a lo largo de toda la grabación) que hizo de disco bisagra para lo que sería la segunda época del grupo, más preocupada por abrir paso a otras sonoridades cercanas al jazz o el rock setentero, así como a insistir en su pasión por el R&B. Así parieron un disco tan inspirado y soberbio como “Chicos pálidos para la máquina” (“Mala suerte”, “Un marciano”, “Ángel exterminador”, “Acabaremos mal” u otro decepcionante como “(A la luz o a la sombra) Todo está permitido”, para dar paso a lo que es hasta la fecha su último disco destacable, “Regreso al sexo químicamente puro”, y el retorno a unos textos considerablemente más salvajes y de una acritud martilleante. La era dorada de las canciones desesperadas, rabiosas y sin concesiones.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 26/12/2007

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