Paddy McAloon, "I Trawl The Megahertz” (2003)





Después de la moderada decepción que supuso “The Gunman And Other Stories” (el único álbum no disfrutable de Prefab Sprout al 100%; los riesgos de no llegar aquí al 11, que es lo que se le presupone siempre a McAloon) nos hizo temer lo menos mejor a los acérrimos del mejor grupo de mundo. Pero aquella sensación fue un (mal) sueño pasajero del que apenas ya tenemos recuerdo, porque dos años más tarde, en 2003, resurgió ya bajo su propio nombre (algo, por otra parte a lo que quizá nos tendremos que ir acostumbrando: el final de PS no es oficial, pero si sintomático) con un disco difícil de describir, por lo gratamente inesperado y revelador. Quienes se esperaban otro disco de canciones del autor de “Steve McQueen” o “Jordan:The Comeback” (sus fans más estereotipados, que no los que sabemos todo lo que puede dar de si Paddy), tuvieron que empezar a esperarse a otra oportunidad.
“I Trawl The Megahertz” es un disco muy especial, un punto y aparte, insondable, hasta cierto punto conceptual (inspirado en las audiciones de diferentes emisoras de radio a las que McAloon se aficionó como pasatiempo tras sufrir una ceguera parcial), definitivamente hecho como desde otro planeta y en un tiempo ajeno a nuestro reloj. Sólo hay una canción propiamente dicha, porque el resto es música incidental –intrumental o puntualmente dictada- donde se hermanan con pasmosa naturalidad instrumentos acústicos con herramientas electrónicas –lo más parecido en sonido son algunos pasajes de su “Andromeda Heights”-. La banda sonora imaginaria, obsesiva, sobre la que uno no tiene otra excusa que acudir cada cierto tiempo porque, vaya, siempre hay algo nuevo y emocionante que descubrir en su escucha.
Dificil describir con palabras la extraña y arrebatadora belleza que emana de esta sesión, tan misteriosa, exigente y esquiva como siempre fue su autor. Complicado compararlo con cualquier otro disco, significa además un nuevo paso hacia delante en la desbordante ambición de nuestro genio burlón, y del cuál, por qué no, esperamos más artefactos tan fascinantes –e íntimos- como éste. En un futuro no muy lejano, por favor.

“De día y de noche, sofisticadas antenas electrónicas
son entrenadas en los cielos.
Están escuchando ecos manchados
del momento de la creación.
Están escuchando algo único.
que puede ayudarnos a darle sentido a quienes somos
y de donde venimos;
y, como compasivo efecto secundario,
nos enseñe que nada se pierde por siempre.”

Primero va Paddy McAloon y después el mundo.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 31/08/2007

No hay comentarios:

Publicar un comentario