Cada noche los cuerpos ardían en una hoguera
de propósitos inciertos, inflamados de palabras, como brazos que se agitan. La
seguridad ilusoria del presente se desvanecía, huyendo en relojes de cifra
incomprensible.
El viaje es un vaivén del miedo a la alegría,
de la insensatez a un extraño conocimiento, ajeno, sin límites. Tan pronto el
pasado hacia girar sus amenazas, cual palo de ciego sobre nuestras cabezas,
como la oscura presencia de un ser futuro presionaba en nuestro interior con
dedos negros, real como el espacio que no podremos abarcar jamás.
El viaje es una guerra que no acabo en su día.
Ciudades que los ojos no retuvieron al pasar y
pese a todo dejaron una huella secreta e imborrable. Campos ardiendo a ambos
lados de la carretera. Rostros entre las llamas, desconocidos o familiares,
haciendo señas a la pasión. Como fotografías, recuerdos ya de lo que aún no ha
sucedido. Las fotos son fuego también para los ojos, con esa fijeza enrarecida.
La música será más fiel que las palabras, cuando no esconda palabras nunca
dichas. La música es la alquimia de los cuerpos.
Al fuego, pues, las fotos. Y los cuerpos, al
fuego, que fertiliza las tierras áridas y espinosas. Los hijos de la pasión
crecerán con un estigma imborrable en la frente. ¿Pero quién reconocerá el
rostro del que regresa de un país en llamas, para dar vida al orden que
aprendió del caos?
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 01/08/2008

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