Una espesa bruma cubre toda la trayectoria de
Simon Warner. Tan desenfocada e inasible como la inquietante portada de su
primer y único álbum hasta la fecha, el casi inencontrable “Waiting rooms”,
publicado hace algo más de diez años y, por tanto, ya perdido en el tiempo. Con
sustentos espirituales como Walker y Brel, su disco sólo debería situarse entre
otros contemporáneos, en concreto el “Casanova” de The Divine Comedy y el
“Beyond the sun” de Billy McKenzie. Pero con sitio propio, sin la levedad irónica
de Neil Hannon y gracias a una voz furibunda, rabiosa y armada con más acritud
que la de estos dos últimos ejemplos. Un tono vocal rugoso que le hace
aproximarse someramente a Cave o Waits.
“Waiting rooms” empieza con un breve
instrumental que da paso a tres de las piezas más inmediatas, especialmente
“Wake up the Street”, lo más cercano a un hit que pudo plantear Warner. Pero
cuando llega “Jamboree” la cosa va definitivamente en serio: parece como si el
fantasma del ex-lider de Associates, tras ese manto burtoniano, hubiese
irrumpido de nuevo en nuestras enclenques existencias. Un purgatorio cotidiano
a pesar de los arreglos voluptuosos y aparentemente radiantes que recorren el
disco, descubriendo diferentes matices a cada escucha, sorprendiendo a cada una
por sus requiebros y ajustes tonales, reafirmando el carácter huidizo pero ya
mítico de esta grabación y, en general, de su protagonista.
Completa su exigua discografía una excelente
versión del “Desert N'Est Plus en Afrique” de Michel Polnareff, incluida en el
tributo a este último.
Dentro del renacimiento “crooner” de los
noventa, una de las figuras desgraciadamente más malditas a reivindicar y sacar
del injusto abandono al que todavía se ve sometido su efímero y agridulce
legado, a la par que espectacular y excitante. Como un fuego artificial
impetuosamente volatilizado.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 02/09/2008

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