Ostenta el protagonismo de uno de los
capítulos más oscuros y frágiles de la música popular brasileña, el que hace
referencia a su inmolación en 1980. Sydney Miller fue un brillante songwriter
que pasó a la historia por sus composiciones cedidas a otros (Nara Leão,
Caetano Veloso y Gal Costa, Paulinho Da Viola) pero que a su vez entregó tres
discos con su propio nombre, hijos de su tiempo y de todos los tiempos,
tremendamente equilibrados, dulces y fascinantes que deben conservarse entre lo
más esencial de la tradición carioca. El primero es un clásico muy en la línea
de los primeros discos de Caetano (aunque sin la acentuación psicodélica y con
un color vocal más cercano a Chico Buarque), el segundo -la portada de hoy- la
constatación de su genio siempre combinando con sutileza samba, bossa y choro,
ahí rodeado de algunos de sus amigos y compañeros de travesía, y el tercero
escorado al soft-rock setentero, pero sin hacer daño, y dejando en el aire una
continuación y una evolución que estaba llamada a ser una de las más
importantes de su generación. Maravillosa, no cabe duda.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan ' el 10/01/2008

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