Hay una raza de grupos al margen de
movimientos, modas y caprichos varios de la crítica. Grupos normalmente de
largo recorrido, obstinados en ocupar ese lugar un tanto desenfocado, no tanto
por maldito como por no convenientemente reconocido dentro del circuito del
rocanrol. Ahí estarían
The Bitter Springs, The Blue Aeroplanes, la saga de Anthony Reynolds o
inclusive Triffids. Gente con marcada personalidad, discos
recios y bien armados, potencial melódico y gusto exquisito tanto en lo musical
como en lo literario.
The Jazz Butcher pertenecen a esa parrilla
incómoda pero agradecida de cara a los aficionados más exigentes que
reivindican ese carácter mutante en el plano expresivo y estilístico. El combo
de Pat Fish es todo un clásico en acumular grandes discos ‘desconocidos’, semienterrados
en el cajón de los grupos de pop de no muy fácil catalogación, liberados de la
vigilancia exhaustiva de la prensa, ilustres perdedores a los que se les
arrebató algún día su justo premio…
Y eso que no empezaron precisamente con buen
pie. “In bath of bacon”, su debut, combinaba la humorada del género que inspiró
su nombre con su amor por los Modern Lovers de Jonathan Richman, pero sin
chispa y canciones destacables. Todo cambiaría con “A Scandal in Bohemia”, el
clásico por antonomasia de su discografía, que ya incluía clásicos como
“Southern Mark Smith”, guitarras cristalinas y ritmos galopantes, y que
iniciaría la época dorada de los de Oxford. “Sex and travel”, “Distressed
Gentlefolk” y “Fishcoteque” (éste último ya sin Max Eider, brazo derecho de
Fish hasta entonces, y distinguido guitarrista y compositor) son álbumes tan
fabulosos como “Bohemia”, en estado de gracia, contundentes y llenos de
sensibilidad a un tiempo. Como en una tierra de nadie entre Go-Betweens, Bad
Seeds o los de Gerard Langley.
Después llegarían una serie de discos en los
noventa, entre crisis nerviosas, si cabe más aguerridos (ergo rockeros), no tan
centrados y fascinantes como los precedentes y donde incluso llegaron a hacer
puntuales incursiones en texturas hispanizantes como el flamenco o el
pasodoble. No sería hasta 1995, con su disco de despedida “Illuminate”, cuando
Jazz Butcher lograrían concatenar una soberbia colección de canciones a la
altura de sus discos de los ochenta. Y tras cinco años de disolución, el feliz reencuentro
de Pat Fish con Max Eider en el delicioso disco de reentré del Carnicero,
“Rotten Soul”, muy pop y entrañable, como recuperando el espíritu de la segunda
mitad de “Distressed Gentlefolk”. La lenta y discreta Conspiración de los
Románticos.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 16/06/2008

No hay comentarios:
Publicar un comentario