Billy Bragg





Bien situado en la margen izquierda del panorama británico y del pop mundial en general, Billy Bragg, el bardo de Essex, sabe que el compromiso no tiene por qué estar reñido con el pop refinado y efectivo, con la sentimentalidad y el detallismo. Ni tiene por qué amoldarse necesariamente al exabrupto o al lamento áspero y lineal de cantautor tradicional. Aunque su famosa proclama era emular a Dylan con el espíritu de The Clash, realmente podemos situarle, al menos formalmente a nivel sónico, con The Smiths, Costello, la saga Housemartins/Beautiful South o, cómo no, Shane McGowan.
Sus mejores discos los hace cuando empieza a rodearse de un grupo más o menos estable, cuando atavía sus composiciones con sencillos pero eficaces arreglos: “Talking with the taxman about poetry”, “Workers playtime”, “Don´t try this at home” (el mejor, seguro) y “William Bloke”. También es muy recomendable un recopilatorio tan esclarecedor como “Reaching to the converted”.
Sus inquietudes y querencias, tanto musicales como políticas, le han llevado a compaginar –con diferentes resultados- participaciones en discos homenaje a su amado Joe Strummer o a The Smiths, a configurar un ep llamado “La internationale”, donde adapta e interpreta himnos de la izquierda bajo su prisma personal, o a embarcarse en –decepcionantes, querido Watson- aventuras como los dos volúmenes junto a Wilco.
Grandísimo compositor –uno de los mejores de su generación-, sabe hacer hits inmediatos y pimpantes como “Sexuality”, “The Boy Done Good” o “Greetings to the New Brunette”, y funcionar como baladista consumado –“Valentine´s Day Is Over” o “Trust”-, y sin que nunca se resientan sus protestas y reivindicaciones. Es inteligente, y su fórmula no solo resiste el paso del tiempo, sino que permanece vigente se pinten como se pinten las cosas.
Y Nicaragua, por supuesto, siempre: Sandinista.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 24/02/2006

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