Claustrofobia





La heterodoxia, mezclada con buenas dosis de personalidad e inteligencia, se paga muy cara en el pop español. De eso saben mucho Claustrofobia, uno de los grupos más sugerentes y personales de la historia de la música popular de aquí de las últimas décadas. El grupo formado por Maria José Peña, Antoni Baltar  y Pedro Burruezo surgió a principios de los ochenta en Barcelona. Influidos por lo que entonces se denominada after-punk y por las algunas de las formaciones más “literarias” de las “movidas” de aquí (Golpes Bajos y, sobre todo, La Mode), Claustrofobia siempre sufrieron la incomprensión y lo que es peor, casi la indiferencia más recalcitrante. Eran presumidos, sinceros y muy poco dados a concesiones de cara a la galería. Es decir, un grupo maldito en toda regla.
De sus primeras grabaciones donde mezclaban lo siniestro con lo electrónico (básicamente sus discos “Arrebato” y “El Silencio”, Zulueta y Bergman en el recuerdo), fueron evolucionando hacia un mestizaje sin ningún tipo de complejos: el mediterráneo, el flamenco, toques arábigos y los sonidos del otro lado del charco se aunaban sin apenas rubor y vergüenza. De eso dan cuenta sobre todo “Repulsión” y “Un chien andaluz” (Polanski y Buñuel respectivamente), hasta dar con la fórmula definitiva en el que para mi es el mejor de todos sus discos, el último, el más pulido, completo y emocionante de toda su carrera: “Encadenados” (Hitchcock).


Un grupo demasiado sutil para cualquier tipo de masas, se disolvieron a mediados de los noventa casi en el más profundo de los olvidos. Un recopilatorio en el 99 los volvió a sacar algo del extravío insano del que son víctimas y, afortunadamente para la docena de fans acérrimos que seguimos al pie del cañón a la espera de nuevos retazos del talento de Burruezo, éste, después de liderar los efímeros The Goyescos, ha vuelto a la arena discográfica con la Bohemia Camerana, volviendo a arriesgar al máximo, con convicción, entusiasmo y “savoir affaire”. Si nada lo impide, podremos verle este fin de semana en Madrid. Uno de los acontecimientos del año. Un regalo del cielo.


En tiempos tan tan mediocres para la música de este país como el que nos está tocando vivir, recuperar canciones tan exquisitas, especiales e intensas como “Rapsodia bajo el Volga”, “Encadenadas”, “La elegancia de tus lágrimas” o “Un abismo en tus ojos” es un acto de justicia poética de primer orden.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 17/03/2006

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