“Sobre otra ruta cambian las
caras. El final viene a ser igual: el murmullo de un cansado adiós”.
Con estas frases comienza uno de
los discos indispensables del pop español. Tras unos meses ya disueltos, Carlos
Entrena y los hermanos Mertanen volvían a reunirse para poner colofón a una
insinuante trayectoria que tuvo siempre el sambenito de demasiado inspirada en
las penumbras y congojas de Ian Curtis y Robert Smith. Algo obvio por otra
parte, sobre todo en el plano musical, pero que en este disco -publicado por
GASA en 1984-, queda lo suficientemente aparcado para considerarla su obra más
personal y una de las más valiosas del pop en castellano. E inspiradora, porque
tanto o más tuvieron que ver Décima Víctima como New Order o Momus para que,
diez años más tarde Javier Aramburu diera con la síntesis perfecta en el disco
de Family. Esa indolencia, esos textos crípticos, paisajísticos, meditabundos,
perfilados con singular maestría, fueron material de primera mano en el
donostiarra, que luego estiró hasta destilarlo del todo.
“Al enterarme de su destino no
recuerdo haber llorado, aceptó la soledad sonriendo, sin dar la sombra de un
reproche”.
En los textos de Entrena –uno de
los mejores letristas-, sus personajes no se mueven al borde de un abismo:
están ya involucrados totalmente en él, y miran a su alrededor con aparente
parsimonia y conformidad. Y una frialdad engañosa, tiñendo sus esperanzas con
un hálito insondable. Porque a pesar de la derrota consumada, del dolor
insalvable, uno tiene que seguir teniendo fe en si mismo. Dentro de un mundo
ordinario y gris, un pequeño reducto para trazar las impresiones de las almas
perdidas, cautivas y desarmadas.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 14/06/2006

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