Sección inventores de los ochenta: qué sería
de grupos como Spacemen 3 o Sigue Sigue Sputnik sin el hombro y el hedor a
sumidero de los Suicide. Posiblemente nada. El virus indómito de su primer
disco se prolonga en esta su continuación, donde uno vuelve a enfrentarse a una
obra rabiosamente actual, si cabe más perfecta, palpitante y patógena, de una chulería
excitante y demoledora. Se obra el milagro y el Cars Rick Ocasek conduce la
máquina con fino criterio hacia terrenos sólo alcanzables para unos pocos, en
esta obra maestra de auténtico rocanrol proxeneta. Como unos Kraftwerk de
vacaciones por el alcantarillado de la Gran Manzana y de party interminable
-“Diamonds, Fur coat, Champagne”- o unos Devo esquineros con la mano tonta de
ácido-“Mr. Ray”, “Fast Money Music”, “Touch Me”-. Como unos Residents patinando
por Central Park -“Dance”-, o unos Soft Cell sin haber dormido semanas
–“Shadazz”-, todo lo encontrado en este álbum parece sellado con fuego
imperecedero donde todo, hasta el hueso, es proclive a un rico desguace de
herencias corrompidas y expoliaciones venideras, yendo más allá de la mera exposición
de disco-bisagra, de mera correa de transmisión para oráculos de la melomanía.
Y “Sweetheart” como la balada perfecta, la
única canción imaginable para bajar las luces y bailar pegados. Obsesivo.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 25/04/2007

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