Arto Lindsay





Los años ochenta fueron una época excesiva y asfixiante, tanto desde el ámbito del mainstream como desde los territorios más avant-garde y elitistas. Ejemplo cartesiano de ello fue nuestro amigo Arto Lindsay, francotirador desde los tiempos incendiarios de la no-wave (el prurito intelectual de la infección punk) al frente de los DNA, que en aquellos años se embarcó en propuestas de muy diversa catadura: de los reivindicables The Lounge Lizards –punk-jazz de intención añeja-, a los irregulares The Golden Palominos, pasando por los frustrantes Ambitious Lovers –funk-punk de nula inspiración o atractivo-. Después del callejón sin salida de estos últimos, y cuando parecía que el nombre este tipo con apariencia de profesor despistado pero respetable iba a estar vinculado de por vida a estímulos colaboracionales y a la ambivalencia a los controles (escorado, principalmente, a la producción de parte de la penúltima generación brasileña, así como a la responsabilidad de la modernización del sonido de básicos como Caetano Veloso), decide a mediados de los noventa saltar al ruedo definitivamente con su propio nombre para dar rienda suelta a sus raíces cariocas –es tan brasileño como neoyorquino-, amparándose en un envoltorio más terso y electrónico, definitivamente más sentimental, donde los recuerdos de la tradición de la bossa y el samba se funden con total naturalidad junto a sus enseñanzas más vanguardistas -desde el punto de vista anglosajón-, dando lugar a discos importantes de la talla de “Prize”, “Noon Chill” o “Salt”, conformando todo un glosario de auto-reivindicación compositiva que va evolucionando hacia un inquieto clasicismo, siempre respaldado por su sempiterna “guitarra-tormenta”. Lo mejor de sí mismo. Inevitable.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 23/04/2007

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