Mención especial (capítulo IV)
Sinceramente, más que con la legión
de seguidores que les descubrieron después, creo que Surfin’ Bichos estaban en
deuda con ellos mismos y con los que les seguimos prácticamente desde el
principio de los tiempos. Su despedida en 1994, además de dolorosa, fue
completamente triste e injusta con una trayectoria apasionante y reveladora
como pocas. Las jodidas circunstancias quisieron que nadie disfrutase de una
gira de “El amigo de las tormentas”.
No en vano, Surfin’ Bichos sea
posiblemente el mejor grupo que ha tenido este país (o algo así). Por eso fue
muy emocionante estar presente en esta puntual reentré de Fernando Alfaro y los
suyos, en uno de los momentos más especiales de este año, de la década.
Antes de tiempo, aterrizamos en
un viaje de redención. La resurrección, el orden reestablecido al fin.
Volvíamos a tener misa. Podíamos volver a adorar al perro feliz, coger el rifle
de repetición, superar el dolor de mi hermano carnal... Somos gente abollada.
Sonaron tan intensos como entonces, estuvieron nerviosos, tenían que hacer
frente a tanta leyenda merecida. Seguro que lo harán todavía mejor a medida que
avance esta gira, pero fue más que suficiente para satisfacer nuestra galopante
hambruna.
Posiblemente el único grupo que
un servidor acepta como generacional, consciente de los sarpullidos que siempre
le produjo este concepto. Porque en su día sólo nos salían de las entrañas
canciones como las suyas, nos gustaba expresarnos con sus imágenes..., nunca
hubo mayor identificación que con el crujido de sus palabras.
El kit-kat de una quimera.
Premio especial del jurado,
Surfin’ Bichos. Necesario.
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También nos gustaron: Jens Lekman
(pop terso, vital y entrañable), José González (arrebatador y espinoso),
Violent Femmes (por momentos muy entretenidos)... creo que no me dejo mucho
más.
Lo que no. (capítulo V, y último)
No me extenderé mucho, porque
cada vez me apetece menos ponerme a desollar, pero dos casos nos pusieron
especialmente de mal humor: Sleater-Kinney. Si en disco nos resultaban bastante
indiferentes, en directo ¡sorpresa!, ¡pero si son como The Throwing Muses!...
de segunda división b, claro. Insustanciales e inocuas, mucho músculo, pero me
temo que poco talento. Y “last but not least”, segunda oportunidad en directo
para Flaming Lips: definitivamente odio los confettis. Circo grandilocuente,
vacuo (esas molestas pretensiones para hacerte explotar su “concepto” en la
cara), demasiada parafernalia, y un mantra musical plomizo e irrelevante. Bajo
mi punto de vista, eso sí, un timo de padre y señor mío.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 08/06/2006

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