Junto con aquél “The Chirping
Crickets”, este álbum homónimo de Buddy Holly conforma la quintaesencia del
modus operandi del tejano. Un disco con los suficientes vértices como para
seguir considerándolo –casi cincuenta años después- una obra loable y rica en
matices. Cohabita el sintomático rock’n’roll, las eternas “Peggy Sue” y
“Everyday”, pero también hay canciones como “Valley of tears” o “Look at me”,
que marcan la diferencia con respecto a muchos de sus contemporáneos: un fino
instinto pop, de cualidades melódicas finas y deliciosas. “Early in the
morning” incluso tiene un soterrado swing jazzístico que asusta de lo actual
que sigue sonando. Inspirador como pocos (Beatles, Hollies, Costello...), Buddy
Holly sigue siendo merecedor de tan alta estima, porque casi todas sus
composiciones conservan intacto su aliento y talento, su modernidad discursiva.
Tan frescas como el primer día.
Otros son los que han acusado
sobremanera el paso del tiempo, Buddy Holly jamás.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 12/06/2006

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