Vaya por delante el que uno nunca ha sido lo
que se dice seguidor de Blur, un grupo siempre mirado de reojo debido a
desconfianzas varias. La eterna suspicacia del hype post-Smiths, la
sobre-exposición mediática alentada además por la continua sospecha –confirmada
tras la recuperación de buena parte de su discografía- de que no había tanto
oro como algunos insistían en querer relucir. Tampoco es que ayudase mucho el
segundo de los reclamos de este supergrupo contemporáneo, Paul Simonon, vieja y
secundaria gloria perdida en la bruma del tiempo de los, esta vez si, añorados
The Clash.
Así que el acercamiento a The Good, The Bad
& The Queen tenía poco de subjetivo, de imperioso (hace mucho que a uno se
le olvidó centrarse en la ‘rabiosa’ actualidad) y, por tanto, de atisbo de
condescendencia previa. Me temía un subproducto perfectamente ejecutado pero
aparatoso, un entretenimiento de dinosaurios relegado rápidamente a la más indiferente
de las anécdotas. Y mira por donde, asombroso, me encuentro con uno de los
mejores discos actuales –si, aunque ya sea del año pasado- que haya escuchado
servidor en los últimos tiempos.
Todo encaja de principio a fin –incluida la
preciosa portada con esos rótulos de spaghetti western-, bajo esa apariencia de
dejadez que parece asolar al disco, de jam session para darse el gustazo de
algunas de las figuras clave del brit-pop –entendido en el amplio sentido de la
etiqueta– ‘fin de siècle’. Cada uno en su papel y todos a una, sin estúpidas
suplantaciones, van desgranándose clásicos en cadena, sin bajones, comandados
por el aliento pop de un Damon Albarn inspirado como pocas veces y escoltados
impecablemente por el ex Verve –y también Blur- Simon Tong y el sudoroso e
inconfundible bajo -¿qué bajista post-punk que se precie no ha sido alguna vez
bautizado con su nombre y el apellido Simonon?- del ex-Clash.
Desde la zumbante y pegajosa “History Song” a
la hipnótica y acertadamente sucia “The Good, The Bad & The Queen” que
cierra el disco, aquí son todo proteínas. Clásicas como “’80’ life’”,
discotequeras como “Northen Whale”, psicodélicas como “King of Doom”,
ensoñadoras como “The Bunting Song”, folkies como “Green Fields”. Aquí no baja
el nivel ni Dios, en este dulce empapado en dub, tan cerca de “Sandinista!” (o
2 Tone) y sus trucos como de “Modern Life Is Rubbish” y su euforia, del cielo y
de la gloria. Uno de estos discos que, como suele decirse vulgarmente, crean
afición. Una inesperada y contagiosa afición que deja en pañales a tanta
tonelada de revelación infructuosa que tenemos que padecer diariamente. Una
flamante vuelta de tuerca al pop mestizo desde sus escombros, hecha con
fundamento y sobrada de talento.
Así da gusto, Damon.
Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 18/04/2008

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