The Good, The Bad & The Queen, "The Good, The Bad & The Queen" (2007)





Vaya por delante el que uno nunca ha sido lo que se dice seguidor de Blur, un grupo siempre mirado de reojo debido a desconfianzas varias. La eterna suspicacia del hype post-Smiths, la sobre-exposición mediática alentada además por la continua sospecha –confirmada tras la recuperación de buena parte de su discografía- de que no había tanto oro como algunos insistían en querer relucir. Tampoco es que ayudase mucho el segundo de los reclamos de este supergrupo contemporáneo, Paul Simonon, vieja y secundaria gloria perdida en la bruma del tiempo de los, esta vez si, añorados The Clash.
Así que el acercamiento a The Good, The Bad & The Queen tenía poco de subjetivo, de imperioso (hace mucho que a uno se le olvidó centrarse en la ‘rabiosa’ actualidad) y, por tanto, de atisbo de condescendencia previa. Me temía un subproducto perfectamente ejecutado pero aparatoso, un entretenimiento de dinosaurios relegado rápidamente a la más indiferente de las anécdotas. Y mira por donde, asombroso, me encuentro con uno de los mejores discos actuales –si, aunque ya sea del año pasado- que haya escuchado servidor en los últimos tiempos.
Todo encaja de principio a fin –incluida la preciosa portada con esos rótulos de spaghetti western-, bajo esa apariencia de dejadez que parece asolar al disco, de jam session para darse el gustazo de algunas de las figuras clave del brit-pop –entendido en el amplio sentido de la etiqueta– ‘fin de siècle’. Cada uno en su papel y todos a una, sin estúpidas suplantaciones, van desgranándose clásicos en cadena, sin bajones, comandados por el aliento pop de un Damon Albarn inspirado como pocas veces y escoltados impecablemente por el ex Verve –y también Blur- Simon Tong y el sudoroso e inconfundible bajo -¿qué bajista post-punk que se precie no ha sido alguna vez bautizado con su nombre y el apellido Simonon?- del ex-Clash.
Desde la zumbante y pegajosa “History Song” a la hipnótica y acertadamente sucia “The Good, The Bad & The Queen” que cierra el disco, aquí son todo proteínas. Clásicas como “’80’ life’”, discotequeras como “Northen Whale”, psicodélicas como “King of Doom”, ensoñadoras como “The Bunting Song”, folkies como “Green Fields”. Aquí no baja el nivel ni Dios, en este dulce empapado en dub, tan cerca de “Sandinista!” (o 2 Tone) y sus trucos como de “Modern Life Is Rubbish” y su euforia, del cielo y de la gloria. Uno de estos discos que, como suele decirse vulgarmente, crean afición. Una inesperada y contagiosa afición que deja en pañales a tanta tonelada de revelación infructuosa que tenemos que padecer diariamente. Una flamante vuelta de tuerca al pop mestizo desde sus escombros, hecha con fundamento y sobrada de talento.
Así da gusto, Damon.




Entrada publicada originalmente en el fotolog de Lenny Leonard 'Primero tomaremos Manhattan' el 18/04/2008

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